Hola, soy Lualua, soldado de la tribu de los tanganiki, una aldea que se ha visto afectada por la “innovación” de los hombres blancos. Los hombres blancos son unas criaturas raras y extrañas a las que solo les importa algo llamado dinero. Yo no sabÍa para qué servía. Ellos nos dijeron que si les dejábamos nuestras tierras construirían edificios y carreteras. nosotros nos negamos pero ellos insistían, hasta que se hartaron de nosotros y mandaron a unos hombres con una especie de aparato que lanzaba mini lanzas duras. Nosotros peleamos como pudimos pero su fuerza era mayor. Con esos extraños aparatos mataron a muchos de nuestra tribu y a los que no nos usaron como esclavos.
Mientras nosotros les servíamos mirábamos como nuestro pequeño pueblo se convertía en algo que los hombres blancos llamaban ciudad. Algunos intentaron escapar, pero si los capturaban les castigaban duramente. Nadie pudo escapar con vida nunca .
Estuvimos sirviéndoles durante al menos 3 años hasta que conseguí escapar. Fue difícil pero ahora soy un hombre libre. Cuando salí me di cuenta de los destrozos que los hombres blancos habían hecho con nuestra aldea: ya no quedaba nada de ella y los ríos quedaron completamente intoxicados por los residuos que soltaban sus grandes fábricas.
No sabía qué hacer: estaba perdido. Los hombres blancos habían exterminado toda la vida del lugar. Tuve que ir por las calles de su ciudad para pedir algo de lo que ellos más quieren: dinero. Me puse a pedir en las puertas de todas las casas grandes pero ninguno me dio nada. Esto era un castigo de los dioses, porque no tenía otra explicación, sin haber hecho algo malo nunca fuimos castigados con estos seres malos y repugnantes: los odiaba con todas mis fuerzas. Llegó un momento en el que pensé en suicidarme, pero una mujer blanca diferente a las demás me aceptó en su casa y viví hasta el día de hoy.

